La Coctelera

Fryslân

Crónicas —amargas— desde un país que no existe...

18 Diciembre 2007

Creo...

Veronika devora mi cuerpo y fagocita mi alma. Desde que se instaló en mi vida, mi vida ya no es mi vida, es un apéndice de la suya. Mi corazón late si su corazón late; mis pulmones inspiran y expiran cuando sus pulmones inspiran y expiran; mi cerebro piensa lo que ella piensa; mi aparato reproductor funciona al ritmo de su aparato reproductor, y mi aparato digestivo... Su energía me abastece de energía; todo mi ser funciona al compás de su ser. Su felicidad es el alimento de mi felicidad. Me temo que me convertí en un clon de su yo.

Se instalo en mi casa, y desde entonces ya no es mi casa. Cambiaron los colores de sus paredes; cayó la pared de la cocina, se abrió una ventana en el altillo... Veronika compró estanterías para «sus» libros —que habían sido mis libros—, que organizó según su criterio, vendió «sus» vinilos —que habían sido mis vinilos—, compró un nuevo reproductor para «sus» cedés, unas bicis para los dos...

Veronika me adelgazó diez quilos, me hizo operar la miopía —Veronika lanzó mis últimas gafas al mar—, me llevó a su estilista —¡me cortó y me peinó las cejas!—, me compró su ropa, me llevó a conocer a su mamá —¡qué diferencia, dios!, más que su madre parece su hermana—, me llevará estas navidades a Nueva York con su papá...

Su próspero negocio va viento en popa. Está empezando a ganar dinero. El primer libro que ella editó —yo solamente lo propuse, lo traduje, lo corregí, lo maqueté...— se está vendiendo muy bien. Y esta semana va a llegar a las librerías el segundo...

Hago lo que me ordena, leo lo que ella me propone leer, escribo lo que ella me dicta, escucho lo que ella dice, digo lo que me hace decir, opino lo que le oigo opinar...

Veronika asiste desconcertada a mi transformación.

Creo que es feliz,
creo...

Tags: veronika

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29 Noviembre 2007

Muerte

Hay algunos
que creen
que Fryslân
ha muerto.

Y
sin
embargo
vive.

Pero no sé si debe
seguir viviendo...

Tags: muerte, frysla n

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3 Agosto 2007

Veronika

Se ha ido; Veronika —mi ángel holandés— se ha ido durante unos días a Nueva York, para pasar una parte de sus vacaciones con su padre. Se ve que desde que sus padres se separaron, hace un universo de años, ella acostumbra a pasar parte de sus vacaciones con él, al que veía, cuando ella era una niña y vivía aún con su madre, muy de vez en cuando. Después de emanciparse, ella mantuvo esa costumbre. Y así, cada año, con su padre, organizan algo, un viaje..., para pasar algunos días juntos y mantener el roce que dicen que hace el cariño. Pero a mí me jode. Ahora que me había acostumbrado a ella, a comer con ella, a reírme con ella, a enfadarme con ella, a acostarme con ella, a pasear con ella, a despertarme con ella, a pensar en ella, a pensar con ella, a leer con ella, a ir al cine con ella, a emborracharme con ella, a ir a la playa con ella, a no librarme de ella, a salir a cenar con ella, a jadear con ella, a ducharme con ella, a bostezar con ella, ahora, ahora va y se larga. A Nueva York. Me jode. Creo que estoy enamorado. Y se va. Con su papá. En fin... Se despidió de mí con una sesión salvaje para que pudiera pasar sin sexo, dijo, las dos semanas que iba a estar solo. Y me llama cada día. Y la llamó. Pero ocurre que el sexo es una droga y engancha, y cuanto más tienes más quieres. Y así no hay quien viva... En fin, que lo estoy pasando mal, Veronika. Que quiero que regreses ya... Que necesito que regreses ya...
Tags: vero

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6 Julio 2007

El ángel

Un poema —algo cursi— escrito en una servilleta llevó a un ángel holandés hasta mi cama —siempre es bueno conocer idiomas: Welterusten, vriendelijk! Alguien le dio mi teléfono. Quedamos en un ruidoso café de mi barrio. No es difícil reconocer a una holandesa en un ruidoso café de barrio: pelirroja, un delicioso vestido blanco colgado de su ancha espalda. Besos, etcétera. Es editora. Se quiere establecer aquí. Estuvo haciendo un máster en no sé qué universidad. Con Vallcorba, creo. Ehem. Hablamos de literatura: de literatura y de literatura. Y también del negocio. Inquieta. Quiere trabajar con gente joven. Alguien le dio mi teléfono. Me habló también de X. i de Q. Que qué me parecía. Bien, claro; aunque creo que Q. está muy liado con la revista. Su gobierno le da una generosa subvención. Y algo de Europa, también. Quiere dar a conocer escritores y escritoras jóvenes; y traducirlos luego, si funcionan mínimamente aquí. Tiene buenos contactos en Holanda, en Bélgica, en Alemania, en Italia... Estudió italiano. Nos pusimos a hablar en italiano —siempre es bueno conocer idiomas—, tomamos un par de cervezas más, nos reímos, le escribí un poema algo cursi en una servilleta, le prometí unos originales, pagó ella, subió a mi casa, se sentó en mi sofá, se metió en mi cama, me llevó en sus alas, durmió conmigo, me levanté feliz, hoy la vida es un poco más bella..., digo fraai!

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14 Mayo 2007

Aviso

Aviso

(la primavera ha venido
y nadie sabe cómo ha sido...)

Después de la calma, la tormenta...

Y vino sin avisar
y me encontró abismado;
abismado en los abismos queridos de los libros,
abismado en los abismos deseados
de los abismales escotes de las muchachas,
abismales, avisadles, avisadme, abismadme...

Y el que avisa y se abisma no es traidor...

Vino sin avisar, pues,
y me pilló abismado y desavisado, el abismo
abismal de los abismos abismales,
los abismos queridos, los abismos deseados,
los abismos sudados, los abismos desodorados,
abismales, abisales, avísales, avispadles...

Cómo una palabra, cómo un pedazo de piel
nos arroja al abismo. Sin aviso.
Y el que se abisma no es traidor: avisa.

Toda la literatura en mis manos
todos los abismos en mis ojos
tantas manos para leer
tantos ojos para acariciar...

Los avisos abismales, abisales, avispadles...

Avisadme. Tengo el coraje suficiente.
Para abismarme en los abismos,
para avisparme en los abismos
para fenecer en los abismos abismales,
sin aviso.

Avisadme.

Después de la calma, la tormenta....

Tags: abismo, aviso

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30 Marzo 2007

Desde hace algún tiempo estoy suscrito a una lista de distribución de profesionales de. Me apunte un poco por inercia, porque la jefa nos pasó el enlace y nos recomendó que le echáramos un vistazo. La verdad es que los primeros mensajes que recibí y las primeras dudas que se planteaban en ellos me parecieron de primero de bachillerato, pero con el tiempo empecé a valorar su utilidad y más tarde aprendí a clasificar a los remitentes y a leer solamente aquellos que destacaban por la inteligencia de sus comentarios y la coherencia de sus criterios.

En una segunda fase, me atreví a meter baza en alguna de las cuestiones que se suscitaban. Primero, bastante espontáneamente; luego, con más dedicación. A cualquier fallo que cometí, por escribir a vuelapluma y sin releer, aunque solamente fuera tipográfico, le sucedía una marea de reproches... Pero el nombre con que firmaba mis mensajes era mi refugio...

Hace cosa de un mes, a causa de un régimen verbal dudoso, mantuve una acalorada conversación con una participante. Su falso nombre tenía resonancias poéticas y sus comentarios eran acertados y sinceros, y siempre respetuosos. Luego, gracias a una extraña complicidad que nació del hecho de compartir gustos, formación, criterios y posiciones teóricas y prácticas más o menos comunes acerca de los temas que se suscitaban, y de vivir, como descubrimos, en la misma ciudad, nos «aliamos», por decirlo así, en un par o tres de debates para rebatir absurdas propuestas y descabelladas razones de indocumentados —glups— «profesionales».

Un día, me atreví a enviarle un mensaje a su dirección electrónica personal, un mensaje personal, fuera de la lista de distribución. Ella me lo respondió instantáneamente. Y a ese le siguió otro y luego otro y luego otro. La «amistad» se fue sedimentando, esperaba ansioso abrir el buzón electrónico para leer sus misivas, que parecían escritas por mano de ángel. Yo me esforcé en ponerme a su altura, ehem, literaria. Y ocupaba cada vez más tiempo redactando oscuros mensajes cargados de ironías y dobles sentidos, con la esperanza de que ella gozara de ellos en la pantalla de su ordenador.

Finalmente, un día, después de una dolorosa noche de insomnio, le envié un mensaje con una propuesta de cita. Ella aceptó. El día señalado, venciendo la insoportable vergüenza que me atenazaba y que disparó todo mi arsenal de tics nerviosos, me arreglé para salir. Antes de entrar en el café del centro de la ciudad donde nos habíamos citado, di varios millones de vueltas a la manzana abrazado a mis fantasmas. Cuando, finalmente, entré, la vi de inmediato en una mesa, leyendo el libro que habíamos convenido. Estaba delicadamente sentada con las piernas cruzadas, absorta en la lectura del libro; sujetaba con dos dedos delicados una taza ingrávida, reposaba un codo en la delicada superficie de una mesa invisible... Ho..., hola, tartamudeé. Hola, exclamó. Nos dimos dos besos, me sonrió. Una sonrisa que llenó mi corazón de chiribitas. Me preguntó qué quería tomar. Pedí un café. Charlamos de nuestras travesuras en la lista de distribución, de libros, de discos, de películas... durante un par de horas eternas. O más. Anochecía. Iban a cerrar el café. Le propuse salir por ahí y tomar un bocadillo y unas cañas, y... Ella me dijo que no podía, que la esperaban en casa para cenar, dijo. «Estoy casada..., infelizmente casada...», dijo. Y en ese instante sentí cómo en mi dolorido corazón dolorido se abría una brecha dolorosa...

Tags: cafe, casada, corazon

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18 Marzo 2007

Los domingos...

En mi otra vida, el domingo era el mejor día de la semana. Cuando vivía con Ella, cuando Ella vivía conmigo, el domingo era un día hermoso, algo más que veinticuatro horas. Nos levantábamos tarde —el sábado, si no salíamos, bebíamos cerveza y veíamos abrazados en el sofá deliciosas películas en blanco y negro hasta altas horas de la madrugada—, leíamos o hacíamos el amor, dormíamos otro rato, continuábamos leyendo o haciendo el amor, comíamos algo, nos emborrachábamos, hacíamos el amor, nos duchábamos, dormíamos, leíamos, nos escribíamos efímeras cartas de amor en el vaho del espejo del cuarto de baño... Era bastante parecido a lo que creo que debe de ser la vida en el paraíso...

Pero Ella se fue y se terminaron los domingos. Ahora el domingo es simplemente un día más, o un día menos. me levanto ni temprano ni tarde, cuando mi cuerpo descansado se harta de dormir, cambio las sábanas sucias del sudor de mis pesadillas, hago la colada de toda la semana —una lavadora de ropa blanca, una de ropa de color—, lavo los platos de la triste cena del sábado, me arrastro, triste, por casa, pongo música triste; en vano, intento leer, intento escribir, intento trabajar, intento olvidar que el domingo tiene veinticuatro horas... A veces incluso salgo de casa y me compro la prensa, para comprobar cómo las dos españas posibles me hielan el corazón, y me tomo una cerveza y unas aceitunas en el bar de la esquina, y el ovillo de mis pensamientos se lía en los nudos de la tristeza, y en las mesas de mi alrededor parejas enamoradas y felices se besan en el cuello y se meten mano con discreción, y familias felices dan patatas fritas a sus críos y se ríen de sus jefes y de sus hipotecas, y yo, solo, me termino un culo de cerveza tibia y me como la última aceituna, y regreso a casa, para intentar leer, para intentar escribir, para intentar trabajar, para comer un plato recalentado con un vaso de vino avinagrado, para intentar distraer mis pensamientos, para intentar convencerme de que la soledad será solamente un rincón vacío y lleno de polvo de mi vida, para convencerme de que un domingo, a pesar de todo, solo son veinticuatro horas, y de que mañana será lunes otra vez y de que otra vez el ajetreo de las obligaciones me apartará de los pensamientos funestos, de la triste añoranza de su ausencia, de todas las ausencias, para soñar que volverán nuevos domingos en compañía de alguien que, algo, aunque solo sea un poco, me querrá...

Pero en el horizonte me espera una semana interminable y otro fin de semana, otra noche de sábado lúgubre y otro domingo decepcionante y triste. El sábado, quizá marcaré su número de teléfono para oír su voz grabada en el contestador..., y colgaré sin abrir la boca. El domingo, nuevamente intentaré en vano llenar de palabras propias, de palabras ajenas, de canciones tristes, los recodos sombríos de mi soledad. Pero eso será el próximo fin de semana. Hoy, cuando anochezca, me sepultaré en la cama y me taparé los oídos para no oír mi llanto...

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13 Marzo 2007

Esos días...

Hay días en que me gustaría llevar una vida distinta de la vida que llevo, no porque la que llevo no me guste sino para hacer aquello que en la vida que llevo no puedo hacer, para no tener que estar a las ocho en el trabajo, para no tener que subir tantos escalones para llegar a casa, para acostarme con esa chica que me mira en la cafetería, para llevar al parque a los hijos que no tengo, para tener quince años, para darle un puñetazo en la cara al político demagogo, para hablar por los codos, para no estar cansado, para comer en los restaurantes en los que no me dejan entrar, para sembrar vientos y recoger tempestades, para estar celoso de alguien, para leer los libros que nunca leería, para reírme de todo y de todos, para ir a los conciertos de los músicos que me gustan, para perder las llaves de casa, para casarme con una bella y rica heredera, para ser un héroe, para ser un villano, para ponerme la ropa que no me pondría ni loco, para abrirme las venas por algo o por alguien, para hacer zapping por los canales que no sintonizo, para encontrar al culpable, para emborracharme, para fugarme con Alicia al país de las maravillas, para haber escrito los poemas que me emocionan, para estar contigo toda la eternidad, para que alguien me espere en algún lugar, para llevarte conmigo, para hablar las lenguas que ignoro, para no tener que coger el metro a la carrera, para callar como un muerto, para echar un polvo rápido con una desconocida en los lavabos de una discoteca, para hallar dónde reside el dolor, para jugar a las cartas en el casino de un pueblo, para atravesar el estrecho en una patera, para subir a esos ochomiles prohibidos, para quedarme los domingos en la cama, para domesticar pulgas, para tener una casa con piscina, para escarnecer al orgulloso, para ganar un concurso millonario en la tele, para encontrarte casualmente, para descubrir la vacuna del sida o la malaria, para tocar el violín o el piano ante un auditorio expectante, para haberlo leído todo, para tomar siempre la decisión equivocada, para exiliarme de un país en guerra, para suspirar, para saber por qué los hombres no lloran, para ser traficante de sueños, para abrazarte, para correrme una juerga, para conocer el terror de vivir en una ciudad asediada, para ganar cuatro mil euros por no hacer nada, para tomar las drogas que no tomo, para subirme por las paredes, para conocer a los que están al otro lado de la pantalla, para correr por un prado, para tomar un café en compañía, para querer hasta la médula, para sorberme los sesos, para sentarme a la derecha de dios padre, para hacerme un tatuaje en el pecho, para perder la memoria, para ser otro, para ser yo mismo, para pintar como Miquel Barceló, para no haber leído nada, para escuchar música celestial a todas horas, para llorar por tu ausencia, para vender mi alma al diablo, para llegar tarde al trabajo sin que nadie lo note, para conocer pueblos y ciudades que desconozco, para llegar con un pan bajo el brazo, para por fin tenerte..., esos días..., esos días escribo, te escribo...
Tags: escribir

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Había una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos...
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