La Coctelera

Fryslân

Crónicas —amargas— desde un país que no existe...

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2 Julio 2009

C.

Si el trabajo no termina conmigo —una monstruosa traducción «literaria», algo más de quinientas patéticas páginas, en un argot ininteligible, a un precio anticrisis, anticrisis editorial, claro—, lo hará la explosiva combinación de ola de calor y bicing urbano que ha sacado a la calle a un temible ejército de doncellas enfundadas en sutiles camisetas que ofrecen, generosas, sus mórbidos pechos a la ciudadanía —e incluso, las más aguerridas, sus pezones.

Total, que sales a la calle un rato para no acabar loco en tu estudio sofocante, para comprar el periódico, para comer algo fresco, y regresas a casa desquiciado, con los ojos atónitos, hartos de carne ajena y joven y bella.

Y aparece C. C. me recuerda a un personaje de Roth, de Philip. C. es una amiga de los años del instituto, una cómplice de los primeros novillos, las primeras cervezas, los primeros porros, los primeros amores... Inalcanzable para mí, C. se lanzaba a los brazos de los chicos más brutos del instituto, de los que bebían más cervezas sin marearse, de los que liaban los mejores canutos, de los que robaban motocicletas, de los peores... Sin suerte. C. es, en fin, una buena —y huidiza— amiga, sin demasiada suerte.

De vez en cuando C. me llama. «Si no molesto, me podría quedar unos cuantos días en tu casa...» No, nunca —casi nunca— molesta. Y es agradable cenar en compañía y tomar unas cervezas. Además, me gusta hacer el amor con C., con mi amiga C. Una cosa lleva a la otra... Y siempre terminamos en la cama. Ambos sabemos que solo somos amigos, que solo lo hacemos por la amistad que nos une, que los amigos están para eso, para no dormir solos cuando no nos apetece dormir solos, para cuando necesitas un poco de amor porque sí, sin pedir nada a cambio salvo un poco de amor, solo por la amistad que nos une.

C. es una mujer bonita. Conserva de los tiempos del instituto una mirada transparente y una sonrisa franca, aunque algo ajada. La vida aja. C. es una mujer bonita, aunque sin apenas pecho. Las mujeres sin pecho, no obstante, suplen la falta de carne con imaginación. Con creces. Creo que piensan que los hombres necesitamos carne a la que agarrarnos y que si no nos pueden ofrecer esa carne nos tienen que ofrecer algo a cambio, en el caso de C. imaginación, imaginación desbordada. C., en la cama, ofrece su cuerpo parco de carne y toneladas de imaginación. Me gusta hacer el amor con C. Me gusta que C. de vez en cuando me llame..., y que se instalen unos cuantos días en mi cama, ella y su imaginación desbordada...

servido por fryslan 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

quim

quim dijo

Vagi amb compte, F., que fa massa calor. C. és la C. que jo "conec" o és una altra de les seves visions estivals? Per cert, ens en dirà el tìtol de les seves traduccions algun dia? Cuidi's...

2 Julio 2009 | 10:53 PM

L'artista Blablabla

L'artista Blablabla dijo

Sin Cs, sin Hs, la vida sería una auténtica porquería. Que vivan las amigas que nos apartan, ni que sea por unas noches, de nuestros Universos en Llamas

escriba más, joder.

una abraçada.

14 Julio 2009 | 12:52 PM

F.

F. dijo

quim, me cuido; ce es ce, ni más ni menos...

blablabla, cómo quiere que escriba si no puedo dejar de traducir y no quiero dejar de leer...

15 Julio 2009 | 11:57 AM

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