Nada
He pasado demasiado tiempo en una burbuja; en una burbuja horrible y medicamentosa encerrada en una negra caja negra enterrada en el hondo pozo hondo de la depresión. El enésimo maldito editor rechazó con distante elegancia mi libro. Nadia se fue, desapareció; hacía demasiado frío en la tundra. El borde del oscuro pozo oscuro estaba demasiado cerca, era demasiado tentador. Nada, nadie ni Nadia podía hacer nada ni nadie ni Nadia por mí. Sucumbí. Soy demasiado débil, demasiado imbécil. Caí.
Como los malos turrones malos, volví a casa por navidad. Solo. Nada traía de París, nadie, Nadia: una despedida en alfabeto cirílico en un absurdo pedazo de foto absurda; la absurda carta de rechazo de la enésima editorial; mi libro de mierda; tres libros delirantes; una absurda vida inútil... Mamá me abrazó en el andén. Niño, mi niño... Un muñeco roto. Me llevó a la clínica; pagó las visitas del doctor, pagó las pastillas de colores. Y me abandonó de nuevo en mi apartamento vacío, en mi refugio triste, en mi trinchera salvaje, en mi negra tumba negra... Estuve demasiado tiempo despierto. Tomaba mis pastillas de colores, miraba fotos de Nadia y de Ella, comía poco, corregía mi libro de mierda, leía mis libros delirantes, miraba estúpidas pelis porno, me masturbaba con violencia, vegetaba.
Al cabo de unos meses, de unas cuantas sesiones con el doctor, de unas cuantas docenas de pastillas de colores, me atreví a bajar solo a la calle. Recorrí calles, bajé al metro, tomé el autobús, llamé a teléfonos, olvidé París y olvidé Rusia, me perdí en mi ciudad, escapé del laberinto... En una librería conocí a una chica «tellamo»; una de esas chicas tontas y guapas, tan distinta de Ella, tan distinta de Nadia, tan «tellamo»: una chica para follar y un día de estos te llamo, cuando tenga otra vez ganas de follar te llamo; una chica guapa y tonta, que iba a las exposiciones del Macba y del CCCB, que leía a Lucía Etxebarría y a todos esos suecos insoportables, que flipaba con Woody Allen y que tarareaba canciones estúpidas de estúpidas cantantes estúpidas... Una tellamo. Apunté su teléfono en mi teléfono.
Los hombres somos un pene y un par de testículos.
El resto es literatura, humo, nada.
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quim dijo
Celebro la seva recuperació, senyor F; la cosa estava una mica òrfena sense vós...
14 Marzo 2009 | 09:05 AM