El ángel
Un poema —algo cursi— escrito en una servilleta llevó a un ángel holandés hasta mi cama —siempre es bueno conocer idiomas: Welterusten, vriendelijk! Alguien le dio mi teléfono. Quedamos en un ruidoso café de mi barrio. No es difícil reconocer a una holandesa en un ruidoso café de barrio: pelirroja, un delicioso vestido blanco colgado de su ancha espalda. Besos, etcétera. Es editora. Se quiere establecer aquí. Estuvo haciendo un máster en no sé qué universidad. Con Vallcorba, creo. Ehem. Hablamos de literatura: de literatura y de literatura. Y también del negocio. Inquieta. Quiere trabajar con gente joven. Alguien le dio mi teléfono. Me habló también de X. i de Q. Que qué me parecía. Bien, claro; aunque creo que Q. está muy liado con la revista. Su gobierno le da una generosa subvención. Y algo de Europa, también. Quiere dar a conocer escritores y escritoras jóvenes; y traducirlos luego, si funcionan mínimamente aquí. Tiene buenos contactos en Holanda, en Bélgica, en Alemania, en Italia... Estudió italiano. Nos pusimos a hablar en italiano —siempre es bueno conocer idiomas—, tomamos un par de cervezas más, nos reímos, le escribí un poema algo cursi en una servilleta, le prometí unos originales, pagó ella, subió a mi casa, se sentó en mi sofá, se metió en mi cama, me llevó en sus alas, durmió conmigo, me levanté feliz, hoy la vida es un poco más bella..., digo fraai!


chico zorra dijo
Mmm. Divertida historia....
6 Julio 2007 | 12:23 PM