Por culpa de emgiro, leo —de un tirón— un libro extraordinario de Adam Zagajewski: Dos ciudades.
Entre otras cosas interesantísimas —lean, lean el texto titulado «Una nación pequeña le escribe una carta a Dios»—, dice:
«Siempre habrá poesía y siempre habrá un mundo de idiotas entretenidos en trasladar las fronteras, perfeccionar los tanques y ganar las elecciones.»


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