A parte de múltiples pastillas de colores, una doctora venezolana me recomendó la risoterapia para salir del pozo oscuro. Y estos últimos días me he reído de lo lindo con el espectáculo que se ha montado en mi villorrio a cuenta de la pregonera de la fiesta mayor. De lo lindo. Unos tontitos decían que si era un insulto, que si..., y otros tontitos les han replicado que si... Y yo, «iconoplasta», me he reído de lo lindo, de los unos y de los otros. Y de la pregonera. Una vez intenté leer algo de lo que ha perpetrado en nombre de la literatura: las carcajadas del recuerdo me han sacado del pozo.
Me he reído también de lo lindo con las palabras de unos cuantos imbéciles famosos y de otros imbéciles que aspiran a serlo. Basta con abrir el periódico por cualquier página: política internacional, política española, política catalana, cultura... Imbéciles por doquier, imbéciles a mansalva. Imbéciles.
Lentamente, los huesos se han ido soldando, las heridas han ido cicatrizando, los moratones han ido desapareciendo, y mamá ha recuperado los «ocios» —el gimnasio, la peluquería, las amigas...— que la alejan mañana y tarde del costado de mi cama. La doctora venezolana me dice que prontito, prontito voy a poder regresar a casa. De momento me esfuerzo en los ejercicios de recuperación que cada mañana, de lunes a sábado, realizo en un gimnasio para ancianos tullidos. De reírse.
Y luego, la muerte. Hoy al regresar del gimnasio, al entrar en la habitación me ha parecido que el señor Joan, que llevaba casi tanto tiempo como yo en el hotel de la SS, estaba..., estaba muerto.
El señor Joan era un anciano desquiciado que metía mano a las enfermeras y se reía. Y hoy se muerto. Y yo me encontrado con el muerto en mi habitación. Y mamá no estaba. Y he salido renqueando para avisar a las enfermeras. El manoslargas, decían; se ha muerto el manoslargas... Y se han llevado al pobre señor Joan envuelto en una sábana. Pero el olor agrio de la muerte se ha quedado en la habitación. Y mañana va a venir Ella.... Al final me voy a morir de la risa.


Esas experiencias para contarles a los nietos... o a los blogueros, que somos como los nietos pero en versión "cool".
Fryslan, he caído en tu blog por casualidad y me ha encantado. Me gusta como escribes, me gusta la dosis de humor que le pones a todas las situaciones, hasta a las más dramáticas, y sobre todo me parece divina la descripción que haces de tí. Ya lo creo que eres un lobito maltratado por los corderos, ja, ja. Gracias por hacerme reír. Te añado a mis amigos para seguir leyéndote y divirtiéndome. Te invito también a que me visites cuando puedas. www.lacoctelera.com/senoranostalgia
Un saludo, Madeleine