Esta mañana, mientras intentaba dar un poco de sentido a las locuras ininteligibles que ha escrito un enloquecido «creador de opinión» —de alguna manera tengo que pagar mis vicios: libros, discos, viajes, cervezas....—, decidí que, después de una semana movida, este largo fin de semana me largaba a la montaña.
Hice un par de llamadas y cerré un par de reservas en sendos refugios. Ya en casa, me preparo la mochila: libros, bloc de notas, reproductor de mp3, cámara de fotos, ropa, mapas, brújula, algo de comida... Con un poco de suerte, si el tiempo acompaña, voy a hollar un par de tresmiles.
Me gusta caminar por la montaña solo, fotografiar inútilmente la inmensidad, reencontrarme, cansarme, pensar... Pero lo que más me gusta son los atardeceres en los refugios, a dos mil metros de altitud y a millones de quilómetros del mundo, o de una cierta idea del mundo. Me gusta leer o tomar notas, cansado después de todo un día de prados alpinos, canchales y cimas, hasta la hora de cenar. O charlar con algún otro montañero solitario. Tomar un café. Fumar un cigarro bajo las estrellas. Cargar las pilas...
Con la mochila a punto, leo un rato. Jordi Benet, De lluny i de prop: «Per a un escriptor català, el fet d'escriure en castellà per qüestions de pragmatisme —de rendibilitat econòmica— no sempre ha tingut resultats satisfactoris. Parlo d'autors l'obra dels quals es pot conceptuar de literària i que no són mers satèl·lits de la cultura espanyola.» No sé si puede ser un poco mi caso. Voy a seguir leyendo hasta terminar el libro. Después, temprano, a la cama. Mañana, al alba, salgo...


Escribe un comentario